El Domingo pasado mientras hacía mi desayuno, esta vez un poco más temprano que de costumbre, me tocó el final de Buenos días fin de semana en Caracol Radio. Allí me encontré con un columnista (del que no tenía idea que lo hicera allí también) que opinó sobre el asunto. Cada palabra que pronunció era como si saliera de mi boca, pero con una cadencia y coherencia tal, que nunca hubiera podido salir de mi cabeza. Da la casualidad que conozco al moacho y que me tomo el atrevimiento de llamarme su amigo, porque uno a los amigos por lo general los saluda cuando los ve, y les pide -o hace- favores cuando los necesita. Al cumplir con ambos requisitos le pedí el texto de la columna (solo sale en radio) para ponerlo aquí. Muy querido él me la envió de inmediato, por cierto será la primera persona que me conoce que entra a este fortín del desahogo de opinión y de la exaltación al ego. Página no oficial de los realities para algunos.
Sin más preámbulos, la columna en cuestión:
"En esta semana oí a un par de personas que todavía estaban indignadas por un documental europeo en el que Colombia quedaba como un país sanguinario.
Me acordé del alcalde de Medellín, furioso por un artículo de la National Geographic; y me acordé, también, de que todo el mundo estuvo de acuerdo y hubo grandes protestas y la gente estaba aterrada ante el desplante que nos hacían y todas esas cosas que nos preocupan.
Bien: ese mismo día que todos reclamaban por ese artículo, le hice una rápida requisa al periódico y encontré una nota pequeña, perdida en una esquina, en la que se veía la foto de unos familiares desconsolados llorando sobre un féretro pequeño.
El ataúd era el de la niña Yeimi Lorena Londoño, de cuatro años. A esta niña la violaron y la asesinaron en su barrio.
Repito: cuatro años. La violaron y la asesinaron.
Su cadáver se suma al de muchos otros niños, uno de ellos un bebé de ocho meses al que apuñalaron para saldar una deuda que tenía su papá.
Bueno. Qué más puedo decir.
Comparen las dos cosas. La gente se indigna porque en un artículo dicen que somos unos bárbaros, y no porque efectivamente somos unos bárbaros.
Nos duele más lo que nos dicen que lo que somos. El cadáver de esta niña no fue el tema del día de ningún programa radial; nadie dijo nada ante su muerte. Fue apenas una noticia de rincón.
Quiero decir una cosa con el perdón de todos: que el artículo de la National Geographic se quedó corto.
Que nos merecemos ese y mil artículos más.
Que el día que reaccionemos por los hechos violentos con que convivimos alegremente, y no por su registro, podremos hablar de injusticias: pero que por lo pronto, es mejor que nos quedemos callados.
¿Qué artículos quieren que escriban de nosotros? ¿Que somos un país glorioso porque tenemos cinco pisos climáticos?
En fin: pidámosle perdón a Yeimi Lorena Londoño y todos los demás niños que padecieron este infierno en que nacimos. Y pensemos en ella en lo que queda de esta semana santa. "
Escrito por patton at 14:28:19. Categoría: Sociedad Colombiana











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