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Wednesday, December 19, 2007

Mis respetos

hoy le pido que por favor lea hasta el final porque... no le digo, usted lea
La semana pasada monté en carro.

La frase parece tomada de alguna novela situada a principios del siglo pasado, una de esas costumbristas jartísimas que le ponían a leer en el colegio y probablemente la razón por la que muchos no desarrollamos ese refinado gusto por la lectura que nos ayudaría en nuestra ilustre sociedad a ser considerados como personas cultísimas. Pero no es nada de eso, la semana pasada monté en carro porque lo que tenía que transportar no se podía vía Enriqueta. Sabrán unos pocos que hace 14 años mi carro es una bicicleta y no tengo intenciones (cada día menos) de cambiar de medio de transporte unipersonal.

Y hacía rato no lo hacía. Como no lo hago con mucha regularidad no soy capaz de diferenciar si se trate de algo circunstancial (Diciembre y su alegría) o si sea siempre así. Los admiro por soportar estoicamente el hacer un recorrido de un par de kilómetros en casi una hora.¹ Los admiro por sobrellevar medio civilizadamente filas interminables, para que cuando llegue la hora de cruzar el semaforo no se pueda porque los del semaforo que la cruza no dejan pasar, y muy especialmente no pude dejar de observar el estado de la malla vial. Ese nombre de malla está muy bien puesto: una malla es una tela llena de huecos. Es una absoluta vergüenza. Todas las calles, avenidas e intermedias están completamente destrozadas. Yo creo que Berlin al finalizar la segunda guerra lucía mas o menos como lucen hoy las calles de Bogotá. Da pena ajena. Es increíble que no le den la importancia que merece al impacto económico para la ciudad por cuenta del retraso en términos de tiempo que significa transitar -por así decirlo- por las calles de Bogotá. Son trochas, son caminos de herradura. Es que de raro no tendría que algunos caminos de herradura estén en mejor estado que ciertas calles, y no creo exagerar. Mis respetos, no sé como lo soportan².

Yo me considero una persona muy paciente. Pero 10 minutos en carro en Bogotá me prueban que no soy tan paciente como creía. O no tengo lo que ustedes; los que a diario usan su desvalorizado vehículo por el que pagan impuestos ridículos, intereses bancarios absurdos, parqueaderos carísimos y gasolina a precio de oro -entre otros- : resignación. O tal vez impotencia.

No sé como lo hacen. Mis respetos.
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